¿Cómo afecta el COVID-19 a los riñones? Una mirada a la evidencia actual
La pandemia global de la enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19) ha afectado a millones de personas en todo el mundo. Aunque los síntomas más conocidos incluyen daño pulmonar y dificultad respiratoria, cada vez hay más evidencia de que otros órganos, como los riñones, también pueden verse afectados. ¿Qué sabemos sobre el impacto del COVID-19 en los riñones? ¿Cómo influye este daño en el pronóstico de los pacientes? Este artículo explora estas preguntas basándose en los hallazgos científicos más recientes.
Los riñones son órganos esenciales para eliminar desechos y mantener el equilibrio del cuerpo. Sin embargo, en pacientes con COVID-19, su función puede verse comprometida. Estudios recientes muestran que algunos pacientes presentan problemas renales, como sangre en la orina (hematuria), proteínas en la orina (proteinuria) o incluso daño renal agudo (AKI, por sus siglas en inglés). La gravedad de estos problemas varía según la condición del paciente. Aquellos con enfermedades renales previas o en estado crítico tienen más probabilidades de sufrir complicaciones. Además, el daño renal puede empeorar el curso del COVID-19, aumentando el riesgo de muerte.
En los primeros meses de la pandemia, la falta de experiencia clínica y recursos médicos pudo contribuir a la alta incidencia de daño renal en pacientes graves. Un estudio retrospectivo en el Hospital Tongji de Wuhan reveló que los problemas renales estaban fuertemente asociados con la mortalidad. De 701 pacientes hospitalizados, el 42.4% eran casos graves y el 16.1% fallecieron. Los problemas renales más comunes fueron la proteinuria (43.9%), la hematuria (26.7%) y el aumento de creatinina en sangre (14.4%). Además, el 13.1% de los pacientes tenían una función renal reducida, y el 5.1% desarrollaron AKI durante su hospitalización. Los pacientes con niveles altos de creatinina al ingreso tenían más probabilidades de sufrir AKI y enfermedades más graves.
Otro estudio analizó a 52 pacientes críticos con COVID-19 ingresados en la unidad de cuidados intensivos (UCI). De ellos, el 28.8% desarrolló AKI, y el 61.5% falleció. Los pacientes que no sobrevivieron eran mayores y tenían más probabilidades de sufrir síndrome de dificultad respiratoria aguda (ARDS) y AKI. Un estudio más amplio, que incluyó a 5,449 pacientes, encontró que el 36.6% sufrió AKI, y la mayoría de ellos necesitó ventilación mecánica. Estos datos subrayan la relación entre el daño renal y la mortalidad en pacientes graves con COVID-19. Sin embargo, en casos leves o moderados, el AKI es poco común. Por ejemplo, en un análisis de 138 pacientes hospitalizados, solo cinco (3.6%) desarrollaron AKI, y tres de ellos eran casos críticos.
Los cambios patológicos en los riñones de pacientes con COVID-19 incluyen inflamación de las células que recubren los vasos sanguíneos, coágulos en los capilares y daño en las células que filtran la orina. También se han observado partículas del virus en las células renales, lo que sugiere que el virus podría dañar directamente los riñones. Sin embargo, en la mayoría de los casos, el daño renal es causado por factores secundarios, como la infección, la falta de oxígeno, la inestabilidad hemodinámica y la inflamación. Otros factores de riesgo incluyen la alta expresión de la enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2) en los riñones y la liberación excesiva de sustancias inflamatorias (citoquinas).
En la mayoría de los pacientes, el daño renal se manifiesta como un aumento leve de la creatinina o la urea en sangre. Esto puede deberse a factores como náuseas, vómitos, falta de apetito o deshidratación. En pacientes críticos, el AKI es más común debido a la falta de oxígeno, infecciones graves, desequilibrios electrolíticos y problemas circulatorios. La inflamación y la tormenta de citoquinas también pueden contribuir al daño renal. En pacientes graves, se han observado niveles elevados de sustancias inflamatorias como la interleucina (IL)-2, IL-7, IL-10 y el factor de necrosis tumoral. Estas sustancias pueden dañar los vasos sanguíneos y reducir el flujo sanguíneo a los riñones.
El coronavirus entra en las células uniéndose a los receptores ACE2 en su superficie. Las células de los riñones, como las de los túbulos proximales, expresan estos receptores, lo que las convierte en posibles objetivos del virus. Estudios han demostrado que los genes ACE2 y TMPRSS (una enzima que ayuda al virus a entrar en las células) están muy activos en las células renales. Curiosamente, la expresión de ACE2 es más alta en los riñones de personas de ascendencia europea que en las de ascendencia asiática, lo que podría explicar por qué los pacientes occidentales tienen más probabilidades de sufrir AKI. La proteinuria, un síntoma común en pacientes con COVID-19, puede ser el resultado del daño a las células que filtran la orina (podocitos).
Actualmente, no existe un tratamiento específico para el COVID-19. Las estrategias de prevención incluyen el control de la fuente de infección, la protección personal, el diagnóstico temprano y el aislamiento. En pacientes con daño renal, es crucial detectar y proteger la función renal lo antes posible. Esto incluye mantener una buena circulación sanguínea, evitar medicamentos tóxicos para los riñones y, en casos graves, usar terapias de reemplazo renal (como la diálisis). En pacientes críticos, la proporción de terapia de reemplazo renal continua (CRRT) varía entre el 1.5% y el 23%. Estas terapias pueden ayudar a eliminar sustancias inflamatorias y prevenir el daño orgánico causado por la tormenta de citoquinas.
En cuanto al pronóstico, entre el 3.4% y el 41.8% de los pacientes con COVID-19 desarrollan ARDS, y entre el 7.4% y el 32.8% necesitan ventilación mecánica. Además, entre el 5.0% y el 31.7% son ingresados en la UCI, con una tasa de mortalidad del 63.9% en casos críticos. El daño renal está asociado con un peor pronóstico. En un estudio con 1,099 pacientes, solo seis desarrollaron AKI, pero cuatro de ellos experimentaron eventos graves (ingreso en UCI, ventilación mecánica o muerte). La presencia de proteinuria, hematuria o niveles elevados de creatinina también indica un mayor riesgo de mortalidad.
En resumen, el daño renal en pacientes con COVID-19 puede manifestarse como hematuria, proteinuria o cambios leves en la función renal. En casos graves, el AKI es más común y está asociado con un peor pronóstico. Los médicos deben monitorear de cerca la función renal en estos pacientes, ya que un diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado pueden reducir la incidencia de AKI y la mortalidad.
doi.org/10.1097/CM9.0000000000001311
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