¿Cómo manejar emergencias ortopédicas durante la pandemia de COVID-19?

¿Cómo manejar emergencias ortopédicas durante la pandemia de COVID-19?

La pandemia de COVID-19, causada por el nuevo coronavirus SARS-CoV-2, ha obligado a los sistemas de salud a adaptarse rápidamente. Especialidades de alto riesgo, como la ortopedia, enfrentan desafíos únicos: atender fracturas y lesiones urgentes mientras se previene la propagación del virus. ¿Cómo pueden los médicos y pacientes navegar esta situación?

El contexto de la pandemia y los desafíos en ortopedia

El COVID-19 surgió en Wuhan, China, en diciembre de 2019. Rápidamente se extendió por el mundo debido a su alta capacidad de contagio. El virus se transmite principalmente a través de gotitas respiratorias y contacto cercano. También puede propagarse por aerosoles en espacios cerrados y mal ventilados. El período de incubación varía de 1 a 14 días, lo que dificulta su detección temprana.

Durante los confinamientos, los casos de fracturas por accidentes de tráfico disminuyeron. Sin embargo, aumentaron las fracturas por caídas en casa. Al levantarse las restricciones, los casos de trauma volvieron a subir. Esto creó un doble desafío: tratar lesiones urgentes y evitar que el virus se propague en los hospitales.

Clasificación de pacientes y nivel de riesgo

Para minimizar el riesgo de contagio, los pacientes se clasifican en cuatro categorías según su exposición al virus y sus síntomas:

  1. Tipo I: Sin viajes a zonas de riesgo en los últimos 14 días. Sin contacto con casos sospechosos o confirmados.
  2. Tipo II: Contacto con personas de zonas de riesgo o vecindarios con casos confirmados, pero sin síntomas y con pruebas negativas.
  3. Tipo III: Casos sospechosos de COVID-19 (fiebre, síntomas respiratorios o vínculos epidemiológicos sin pruebas confirmatorias).
  4. Tipo IV: Casos confirmados de COVID-19 mediante pruebas de laboratorio.

Esta clasificación ayuda a decidir qué medidas de protección y tratamiento son necesarias.

Protocolos de control de infecciones

1. Admisión y triaje

Todos los pacientes pasan por dos evaluaciones: una ortopédica y otra de riesgo de COVID-19. Esta última incluye preguntas sobre viajes, contactos con casos confirmados y síntomas como fiebre, tos o dificultad para respirar.

  • Niveles de protección:
    • Nivel 1 (Tipo I): Mascarillas quirúrgicas, guantes y batas.
    • Nivel 2 (Tipo II): Protección reforzada con respiradores N95, gafas, protectores faciales y batas desechables. Estos pacientes se aíslan en habitaciones individuales.
    • Nivel 3 (Tipo III/IV): Precauciones completas, incluyendo respiradores purificadores de aire (PAPR), doble guante y habitaciones con presión negativa.

2. Manejo preoperatorio

En cirugías urgentes, se realizan pruebas rápidas de COVID-19 y tomografías de tórax. Los pacientes Tipo II se operan en quirófanos con presión negativa. Después, se desinfecta el área con dos productos (cloro y alcohol) para eliminar cualquier rastro del virus.

3. Precauciones durante la cirugía

Se prefieren técnicas mínimamente invasivas (reducción cerrada, fijación externa) para reducir el tiempo de operación y la generación de aerosoles. El equipo quirúrgico se limita al personal esencial, todos con protección Nivel 2 o 3.

4. Cuidados posoperatorios

Los pacientes en salas compartidas se monitorean por síntomas tardíos de COVID-19. Si aparecen fiebre o problemas respiratorios, se repiten las pruebas. Los criterios de alta incluyen estabilidad de la fractura y pruebas negativas de COVID-19.

Estrategias de tratamiento para emergencias ortopédicas

Se prioriza el manejo conservador cuando es posible:

  1. Tratamiento no quirúrgico:

    • Fracturas cerradas: Reducción manual con yeso o férulas.
    • Lesiones de columna estables: Collares rígidos o soportes.
    • Fracturas pediátricas: Inmovilización temprana para evitar hospitalización.
  2. Indicaciones quirúrgicas:
    La cirugía se reserva para:

    • Fracturas abiertas con compromiso vascular.
    • Fracturas pélvicas inestables.
    • Compresión de la médula espinal o síndrome de cauda equina.
    • Artritis séptica u osteomielitis.

Para pacientes con COVID-19 confirmado o sospechoso, la cirugía se retrasa a menos que sea urgente. Si es necesaria, se realiza en quirófanos con presión negativa y protección Nivel 3.

Consideraciones especiales

  • Pacientes pediátricos: Es crucial evaluar a los padres, ya que los niños pueden ser portadores asintomáticos.
  • Pacientes geriátricos: Requieren pruebas agresivas de COVID-19 debido a síntomas superpuestos (fatiga, confusión).
  • Rehabilitación: La fisioterapia en casa, mediante plataformas digitales, reduce el riesgo de exposición.

Coordinación logística y multidisciplinaria

Los hospitales establecieron vías de atención exclusivas para emergencias ortopédicas. Equipos multidisciplinarios (neumología, UCI, anestesia) colaboran en casos de alto riesgo. El personal recibió capacitación en el uso de equipos de protección y procedimientos de desinfección.

Resultados y adaptaciones

La implementación temprana de estas medidas redujo los brotes de COVID-19 en los departamentos de ortopedia. Algunos hallazgos clave incluyen:

  • Las tomografías preoperatorias identificaron neumonía por COVID-19 en el 5–8% de los pacientes con trauma.
  • El triaje telefónico redujo las visitas innecesarias a urgencias en un 30%.
  • Las pruebas rápidas permitieron cirugías el mismo día para el 85% de los pacientes Tipo II.

Conclusión

Este consenso ofrece un marco estructurado para equilibrar la atención ortopédica urgente con la contención del COVID-19. La clasificación de riesgos, los protocolos de protección y las estrategias de tratamiento personalizadas garantizan la seguridad de pacientes y personal médico. A medida que la pandemia evoluciona, la adaptación continua de estas guías será esencial.

For educational purposes only.
doi.org/10.1097/CM9.0000000000000810

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