¿Es posible erradicar la COVID-19? Lecciones de China y el camino hacia el control global
La pandemia de la enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19), causada por el nuevo coronavirus (2019-nCoV), ha generado una crisis sanitaria sin precedentes en todo el mundo. El 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la COVID-19 como una pandemia global, destacando su rápida propagación y su impacto devastador. La enfermedad, caracterizada por síntomas respiratorios agudos, ha demostrado una alta susceptibilidad en todas las poblaciones. Estimaciones iniciales sugirieron que el número básico de reproducción (R0) era de 2.3, con un intervalo serial de 7.5 días, lo que indica una propagación acelerada. Para el 18 de abril de 2020, el número de casos confirmados superó los 2.2 millones a nivel mundial, con más de 150,000 muertes reportadas.
El desarrollo de la epidemia de COVID-19 puede dividirse en cuatro etapas: la etapa previa al brote, la etapa de brote, el punto de inflexión y la etapa de decrecimiento. En China, la progresión de la epidemia se siguió meticulosamente desde el primer caso reportado el 8 de diciembre de 2019 hasta el último caso reportado el 17 de marzo de 2020. La etapa previa al brote duró entre 5 y 6 unidades de intervalo serial (SIU), cada una de 8 días. Luego vino la etapa de brote, que duró aproximadamente cuatro SIU antes de llegar al punto de inflexión. La etapa del punto de inflexión duró un SIU, seguida por la etapa de decrecimiento, que continuó durante dos SIU hasta que el número de nuevos casos llegó a cero.
El brote en Wuhan, China, mostró un aumento rápido en los casos confirmados, con el número de casos duplicándose cada SIU durante la etapa inicial del brote. La tasa de mortalidad en Wuhan alcanzó un máximo del 7.28%, significativamente más alta que en otras partes de China. Este aumento en los casos saturó los sistemas de salud, generando escasez de recursos médicos y obligando a tomar decisiones difíciles sobre la priorización de pacientes. El despliegue de 32,572 profesionales médicos en Wuhan jugó un papel crucial en la mitigación de la crisis y la reducción de las tasas de mortalidad.
Las «Soluciones de China» implementadas para controlar el brote incluyeron varias estrategias clave: detección temprana, diagnóstico temprano, aislamiento temprano e intervención temprana; manejo médico centralizado según la gravedad de la enfermedad; cuarentena obligatoria de 14 días para contactos cercanos; uso generalizado de mascarillas médicas; cancelación de reuniones innecesarias; y contención de comunidades con casos de COVID-19. Estas medidas lograron frenar la transmisión del virus y evitar agrupaciones familiares de infección.
El concepto de «inmunidad colectiva» se ha propuesto como una estrategia alternativa para manejar la pandemia. Este enfoque sugiere permitir que una parte significativa de la población se infecte naturalmente, desarrollando así inmunidad. Sin embargo, lograr la inmunidad colectiva requeriría que entre el 60% y el 70% de la población se infecte. Dada la alta proporción de casos graves y críticos (aproximadamente 15%) y la tasa de mortalidad (alrededor del 2%), esta estrategia resultaría en una morbilidad y mortalidad asombrosas. Por ejemplo, se estima que Estados Unidos podría experimentar 2.2 millones de muertes, mientras que Gran Bretaña podría registrar 510,000 muertes.
El éxito de las estrategias de contención en China ofrece lecciones valiosas para otros países que enfrentan la pandemia. La ausencia de nuevos casos diagnosticados en Wuhan desde el 18 de marzo de 2020 subraya la efectividad de estas medidas. Sin embargo, la prevención y el control de casos importados siguen siendo un desafío importante para China. Para abordar esto, las autoridades chinas han implementado una serie de estrategias, incluyendo cuarentena de 14 días y pruebas de ácido nucleico del 2019-nCoV o anticuerpos específicos IgM/IgG.
En conclusión, la experiencia en China ofrece esperanza de que la COVID-19 podría ser la primera pandemia de una enfermedad infecciosa humana en ser erradicada a través de un manejo científico y tácticas de control efectivas. Se recomienda encarecidamente a la población general usar mascarillas médicas en público durante el período de pandemia. Esta medida simple no solo protege al usuario de la infección, sino que también impide la ruta de transmisión desde personas infectadas, protegiendo así a los demás.
doi.org/10.1097/CM9.0000000000000936
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