¿Están los pacientes chinos con fibrilación auricular recibiendo el tratamiento que necesitan para prevenir un derrame cerebral?
La fibrilación auricular (FA) es el tipo de arritmia más común en el mundo y representa un gran desafío para la salud pública. En China, se estima que el 1.8% de las personas mayores de 45 años padece FA, lo que equivale a unos 8 millones de personas. Sin embargo, esta cifra podría ser mayor, ya que más de un tercio de los pacientes no sabe que tiene esta condición, especialmente aquellos con síntomas leves o intermitentes. La FA no solo reduce la calidad de vida, sino que también aumenta el riesgo de insuficiencia cardíaca, demencia, derrame cerebral y muerte. Los anticoagulantes orales (medicamentos que evitan la formación de coágulos) son la única intervención que ha demostrado reducir significativamente el riesgo de derrame cerebral en pacientes con FA. A pesar de esto, su uso en China sigue siendo bajo. Un estudio reciente analizó cómo se están utilizando estos medicamentos en pacientes hospitalizados con FA en China y qué factores influyen en su prescripción.
El estudio utilizó datos del registro Improving Care for Cardiovascular Disease in China-Atrial Fibrillation (CCC-AF), un programa nacional lanzado en 2015 para mejorar el tratamiento de la FA. Entre febrero de 2015 y diciembre de 2019, se incluyeron 52,530 pacientes con FA no valvular (es decir, no causada por problemas en las válvulas del corazón) de 236 hospitales. Los pacientes con FA valvular o causada por condiciones reversibles fueron excluidos. Para evaluar el riesgo de derrame cerebral, se utilizó una herramienta llamada CHA2DS2-VASc, que asigna puntajes según factores como la edad, la hipertensión y la diabetes. Los pacientes con puntajes altos (≥2 en hombres o ≥3 en mujeres) se consideraron de alto riesgo, mientras que aquellos con puntajes moderados o bajos se clasificaron en categorías correspondientes.
Los resultados mostraron que el 72.7% de los pacientes tenían un alto riesgo de derrame cerebral, el 18.5% un riesgo moderado y el 8.8% un riesgo bajo. Al ingresar al hospital, solo el 20% de los pacientes de alto riesgo ya estaban tomando anticoagulantes orales. Sin embargo, aquellos que los usaban antes de la hospitalización tenían un menor riesgo de sufrir un derrame cerebral o un ataque isquémico transitorio (un derrame cerebral leve). Al momento del alta, el 45.2% de los pacientes de alto riesgo y el 60.7% de los de bajo riesgo recibieron una receta de anticoagulantes. A lo largo del tiempo, el uso de estos medicamentos aumentó significativamente.
El estudio también identificó factores asociados con la prescripción de anticoagulantes. Por ejemplo, los pacientes que recibieron tratamientos como la ablación con catéter (un procedimiento para corregir la arritmia), la cardioversión eléctrica (un choque eléctrico para restaurar el ritmo cardíaco normal) o medicamentos antiarrítmicos tuvieron más probabilidades de recibir anticoagulantes al alta. Además, los hospitales de mayor nivel (terciarios) mostraron tasas de prescripción más altas que los hospitales secundarios. En los hospitales terciarios, el 46.5% de los pacientes de alto riesgo y el 50% de los de bajo riesgo recibieron anticoagulantes, mientras que en los hospitales secundarios, las tasas fueron del 23% y el 21%, respectivamente.
Entre los pacientes de alto riesgo, algunos factores se asociaron con una menor prescripción de anticoagulantes. Por ejemplo, los mayores de 75 años, aquellos con insuficiencia cardíaca o aquellos que tomaban medicamentos antiplaquetarios (que también evitan la formación de coágulos) tuvieron menos probabilidades de recibir anticoagulantes. En el caso de los pacientes de bajo riesgo, el uso de antiplaquetarios también se asoció con una menor prescripción de anticoagulantes.
El estudio también analizó las razones por las que algunos pacientes no recibieron anticoagulantes. Entre los pacientes de alto riesgo que no los tomaron al alta, el 5.2% tenía contraindicaciones estrictas, como alergias, cirugías recientes o problemas graves de hígado o riñones. Sin embargo, el 55.9% tenía alguna contraindicación documentada, siendo las más comunes la negativa del paciente (30.7%), la dificultad para seguir el tratamiento (19.1%) y la preferencia del médico (15.8%). A lo largo del tiempo, la proporción de pacientes que no podían seguir el tratamiento disminuyó, pasando del 29.8% en 2015 al 13.5% en 2019.
Este estudio destaca el progreso realizado en la prevención del derrame cerebral entre los pacientes chinos con FA gracias al proyecto CCC-AF. Aunque el uso de anticoagulantes sigue siendo bajo, las tasas de prescripción han mejorado significativamente. En 2015, solo el 35.1% de los pacientes de alto riesgo recibieron anticoagulantes al alta, pero esta cifra aumentó al 50.1% en 2019. De manera similar, el uso de anticoagulantes antes de la hospitalización pasó del 12.4% en 2015 al 29.3% en 2019.
En conclusión, el estudio muestra que más del 70% de los pacientes con FA en China tienen un alto riesgo de derrame cerebral. Aunque el uso de anticoagulantes aún no es óptimo, el proyecto CCC-AF ha logrado avances importantes en la prevención del derrame cerebral en esta población. Los resultados subrayan la necesidad de seguir trabajando para mejorar la adherencia a las recomendaciones médicas, especialmente en la eliminación de barreras relacionadas con los médicos y los pacientes.
doi.org/10.1097/CM9.0000000000002915
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