¿Por qué es tan difícil donar órganos en Hong Kong?

¿Por qué es tan difícil donar órganos en Hong Kong?

Cada año, miles de personas esperan un trasplante de órganos para salvar sus vidas. Sin embargo, en Hong Kong, solo hay 6 donantes por cada millón de personas. En China continental, la cifra es aún menor: 3 donantes por millón. ¿Por qué hay tan pocos donantes? ¿Qué impide que más personas decidan donar sus órganos después de morir?

Creencias culturales y miedo a la muerte

En muchas culturas asiáticas, especialmente aquellas influenciadas por el taoísmo y el budismo, se cree que el cuerpo debe permanecer intacto después de la muerte. Esta idea ha desalentado históricamente la donación de órganos. Sin embargo, un estudio reciente muestra que las generaciones más jóvenes y con mayor educación están cambiando esta mentalidad. El 61% de los participantes acepta la idea de que el cuerpo pueda alterarse para extraer órganos.

Aunque el 94% de las personas apoyan la donación de órganos en teoría, solo el 66% estaría dispuesto a donar los suyos después de morir. Esta diferencia revela un conflicto entre las creencias personales y las barreras psicológicas.

El miedo a la muerte también juega un papel importante. En la cultura china, hablar de la muerte se considera de mala suerte. El estudio encontró que solo el 26% de los participantes había hablado con su familia sobre la donación de órganos. Incluso entre aquellos dispuestos a donar, el 64.7% nunca había compartido esta decisión con sus seres queridos. Esta falta de comunicación crea problemas cuando llega el momento de tomar decisiones, ya que las familias suelen negarse si no conocen los deseos del fallecido.

Políticas y consentimiento familiar

En Hong Kong, el sistema de donación es de «opt-in» (inscripción voluntaria), lo que significa que las personas deben registrarse explícitamente para ser donantes. Esto contrasta con el sistema de «opt-out» (consentimiento presunto), donde todos son considerados donantes a menos que decidan lo contrario.

La opinión pública está dividida: un 33.8% apoya el sistema de «opt-out», mientras que el 35.9% se opone. Además, el consentimiento familiar es un obstáculo importante. El 82% de los participantes no permitiría la donación de órganos de un familiar fallecido si no sabían que este había expresado su deseo de ser donante. El 91.3% citó la falta de consentimiento explícito como la razón principal para negarse.

El Registro Central de Donantes de Órganos (CODR) de Hong Kong está subutilizado. Hasta 2018, solo el 3.8% de la población (282,572 personas) se había registrado. Algunas propuestas sugieren mostrar el estatus de donante en las tarjetas de identidad para simplificar el proceso de consentimiento familiar. También se ha planteado dar prioridad en la lista de trasplantes a quienes se registren como donantes, lo que podría aumentar la participación.

Desafíos en el sistema de salud

Uno de los mayores problemas es la falta de identificación de posibles donantes fuera de las unidades de cuidados intensivos (UCI). En Hong Kong, muchos donantes potenciales provienen de otras áreas del hospital, donde el 34% se pierde debido a inestabilidad hemodinámica o diagnósticos incompletos de muerte cerebral.

Además, muchos trabajadores de la salud no están capacitados para identificar donantes o manejar situaciones de fin de vida en entornos agudos. Un estudio local reveló que solo la mitad de los donantes potenciales eran identificados y referidos correctamente. Mejorar la educación del personal y estandarizar los protocolos de identificación podría aumentar significativamente las tasas de donación.

El uso de recursos de la UCI para el cuidado de donantes también es un tema controvertido. El estudio mostró que los participantes apoyan la admisión en la UCI para diagnosticar la muerte cerebral (58.8%), la extracción de órganos (63.1%) y obtener el consentimiento familiar (55.2%). Las personas con mayor nivel educativo mostraron mayor aceptación (72.7% con educación postsecundaria frente al 61.7% con educación secundaria). Curiosamente, el cuidado de donantes suele requerir estancias más cortas en la UCI que el cuidado agudo, lo que sugiere un uso eficiente de los recursos.

Educación pública e iniciativas gubernamentales

Más del 90% de los encuestados consideran que el gobierno no hace lo suficiente para promover la donación de órganos. Algunas iniciativas recientes incluyen el «Jardín de la Vida», un memorial para honrar a los donantes, y el Comité para la Promoción de la Donación de Órganos, que busca facilitar el diálogo público.

Las estrategias de comunicación efectiva, como enfatizar el altruismo y el beneficio social, podrían cambiar las actitudes. Por ejemplo, campañas que vinculen la donación con la continuación de la vida y la esperanza han tenido éxito en otros contextos.

También es crucial educar a los profesionales de la salud. Programas de capacitación que mejoren las habilidades para notificar la muerte, comunicarse con las familias y manejar consideraciones éticas en el cuidado de donantes podrían cerrar las brechas de conocimiento. Un estudio local demostró que los talleres educativos aumentaron en un 40% el conocimiento de los estudiantes de medicina sobre la donación de órganos.

Conclusión

Las bajas tasas de donación de órganos en Hong Kong son el resultado de una compleja interacción entre normas culturales, políticas públicas y prácticas médicas. Para mejorar la situación, es necesario simplificar los procesos de consentimiento, implementar sistemas de incentivos y mejorar la capacitación del personal médico.

Las campañas públicas deben abordar el miedo a la muerte con mensajes culturalmente sensibles, normalizando las conversaciones sobre las decisiones de fin de vida. Al mismo tiempo, los protocolos de la UCI deben integrar el cuidado paliativo y la gestión de donantes, aprovechando su rentabilidad en comparación con las admisiones de cuidado agudo.

La colaboración entre políticos, profesionales de la salud y líderes comunitarios es esencial para transformar las actitudes sociales y las prácticas sistémicas, cerrando finalmente la brecha entre la oferta y la demanda de órganos.

doi.org/10.1097/CM9.0000000000000059

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