¿Por qué las aulas escolares están enfermando a los niños?

¿Por qué las aulas escolares están enfermando a los niños? El peligro oculto en las escuelas de Vilnius

Los niños pasan horas en las aulas todos los días, pero ¿y si el aire que respiran está dañando su salud? Un estudio reciente en Vilnius, Lituania, revela niveles alarmantes de contaminación invisible en las escuelas, vinculados a actividades cotidianas como los recesos, los juegos en el patio e incluso las alfombras de las aulas. Con el aumento global de enfermedades respiratorias en la infancia, comprender estos riesgos ocultos podría ser clave para proteger los pulmones de los más pequeños.


La amenaza invisible en las aulas

La contaminación del aire no es solo un problema al aire libre. Pequeñas partículas, llamadas aerosoles, flotan en interiores provenientes del tráfico, las obras de construcción e incluso las cafeterías escolares. Estas partículas—más pequeñas que un grano de arena—pueden penetrar profundamente en los pulmones, empeorando el asma, las alergias y otros problemas respiratorios. Los niños son especialmente vulnerables porque sus cuerpos aún están en desarrollo y respiran más rápido que los adultos.

En Vilnius, una ciudad europea de tamaño medio, los investigadores midieron la calidad del aire en 11 escuelas primarias durante ocho meses. ¿Su objetivo? Descubrir de dónde provienen estas partículas, cómo las estaciones afectan los niveles de contaminación y qué pueden hacer las escuelas para reducir los riesgos.


¿Qué tan malo es el aire en las escuelas?

Los científicos utilizaron dos herramientas para medir la contaminación:

  1. Un contador de partículas rastreó el número de partículas diminutas en el aire (PNC).
  2. Un medidor óptico midió el tamaño de las partículas y calculó su peso total (PMC).

Se analizó el aire interior en aulas, pasillos y cafeterías. También se tomaron muestras del aire exterior cerca de las escuelas. Los resultados mostraron que los niveles de contaminación aumentaban durante actividades rutinarias:

  • Cafeterías: Cocinar sin una ventilación adecuada liberó hasta 97,500 partículas por centímetro cúbico (PNC)—equivalente a estar cerca de una carretera muy transitada.
  • Recreo: Correr y jugar levantó polvo, elevando el peso de las partículas (PMC) a 586 microgramos por metro cúbico—seis veces más que los límites seguros.
  • Muebles blandos: Las alfombras y las sillas tapizadas atrapaban polvo, liberando partículas cuando se movían.

La contaminación exterior también se filtraba al interior. Las escuelas en el centro de Vilnius enfrentaron mayores recuentos de partículas debido al tráfico, mientras que las escuelas suburbanas lidieron con cortadoras de césped y obras de construcción.


Sorpresas estacionales: Problemas en invierno y picos en primavera

La calidad del aire cambió drásticamente con las estaciones:

Otoño 2017
Las cafeterías fueron las peores infractoras. El peso de las partículas (PMC) en interiores a menudo superó los niveles exteriores, alcanzando 275 microgramos por metro cúbico en algunas aulas.

Invierno 2017–2018
Las ventanas cerradas atrapaban la contaminación. Los recuentos de partículas (PNC) se dispararon en escuelas cercanas a carreteras transitadas. El aire de un aula alcanzó 1,348 microgramos por metro cúbico—12 veces el límite seguro—debido a una construcción cercana.

Primavera 2018
El clima más cálido trajo nuevos problemas. Las herramientas de jardinería a gas cerca de las escuelas aumentaron los recuentos de partículas en exteriores, que luego se filtraron al interior. Un partido de baloncesto en una cantera polvorienta elevó el PMC del aula a 227 microgramos por metro cúbico.


Fuentes de contaminación sorprendentes

Más allá del tráfico y la cocina, los investigadores encontraron culpables inesperados:

  • Herramientas a gasolina: Las cortadoras de césped usadas cerca de las escuelas liberaron 66,400 partículas por centímetro cúbico—similar al escape de un motor diésel.
  • Polvo de construcción: El arenado (un método para limpiar paredes) cubrió los patios escolares con polvo fino, poniendo en peligro a los niños durante el recreo.
  • Actividades cotidianas: Incluso abrir libros viejos o reorganizar sillas levantó polvo acumulado.

¿Qué pueden hacer las escuelas?

El estudio ofrece soluciones prácticas:

  1. Mejorar la ventilación: Las cafeterías y las aulas necesitan un mejor flujo de aire para eliminar los humos de cocina y el polvo.
  2. Eliminar trampas de polvo: Reemplazar alfombras con pisos fáciles de limpiar y limitar los muebles tapizados.
  3. Programar actividades riesgosas: Usar herramientas de jardinería o realizar construcciones cuando los niños no estén presentes.
  4. Limpiar de manera inteligente: Trapear con agua reduce el polvo en el aire mejor que barrer.

Dos escuelas suburbanas en Vilnius ya lograron mantener el PMC por debajo de 70 microgramos por metro cúbico con estas medidas.


Por qué esto importa a nivel global

Vilnius no es una excepción. Las escuelas en todo el mundo enfrentan problemas similares, pero muchas carecen de datos. Los métodos de este estudio—contadores de partículas simples y seguimiento estacional—pueden replicarse en cualquier lugar. Al vincular la calidad del aire con los registros de salud de los estudiantes, las escuelas pueden identificar riesgos y tomar medidas.

Las consecuencias son graves: La Organización Mundial de la Salud advierte que la exposición prolongada a la contaminación por partículas aumenta las enfermedades respiratorias en un 3.4% por cada aumento de 10 microgramos. Para los niños, un aire más limpio hoy podría significar pulmones más sanos para toda la vida.


Solo para fines educativos
doi.org/10.1097/CM9.0000000000000913

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