¿Qué es la hepatitis D y por qué es tan grave?
La hepatitis D es una enfermedad hepática causada por el virus de la hepatitis D (VHD). Es considerada la forma más severa de hepatitis viral, ya que acelera el desarrollo de cirrosis, fallo hepático y cáncer de hígado. A pesar de que se descubrió hace más de 40 años, el VHD sigue siendo un problema de salud pública poco conocido. ¿Por qué es tan peligroso? ¿Cómo se transmite? ¿Existen tratamientos efectivos? En este artículo, exploraremos estas preguntas y más, para entender mejor esta enfermedad y cómo enfrentarla.
Introducción
La hepatitis viral es un problema de salud global que afecta a millones de personas. En 2016, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó una estrategia para eliminar las hepatitis virales para el año 2030, centrándose principalmente en los virus de la hepatitis B (VHB) y C (VHC). Sin embargo, el virus de la hepatitis D (VHD), que solo infecta a personas que ya tienen el VHB, ha recibido mucha menos atención. Se estima que entre 240 y 350 millones de personas en el mundo viven con una infección crónica de VHB, y la coinfección con VHD empeora gravemente la enfermedad. El VHD es un factor clave en el desarrollo de cirrosis, cáncer de hígado y muertes relacionadas con la hepatitis. Por eso, es urgente aumentar la conciencia y la investigación para controlar esta infección.
¿Cómo funciona el virus de la hepatitis D?
El VHD fue descubierto en los años 70 en pacientes con hepatitis B crónica que presentaban síntomas graves. Es un virus único porque necesita del VHB para multiplicarse. Esto lo convierte en un «virus satélite». Recientemente, se han encontrado virus similares al VHD en animales como aves, serpientes y peces, lo que sugiere que su origen es más antiguo de lo que se pensaba.
El VHD tiene un genoma pequeño de ARN (ácido ribonucleico) y solo produce una proteína llamada antígeno delta (HDAg). Esta proteína se combina con el ARN del virus para formar partículas infecciosas, que luego son envueltas por proteínas del VHB. Esto permite que el VHD infecte las células del hígado. Además, el VHD comparte con el VHB la misma «puerta de entrada» a las células, una proteína llamada NTCP (transportador de sodio-taurocolato).
Un dato interesante es que el VHD puede «usar» proteínas de otros virus para salir de las células infectadas. Esto desafía la idea de que el VHD solo evolucionó junto al VHB y abre nuevas preguntas sobre su biología.
¿Cómo se clasifica el VHD?
El VHD es el virus humano más pequeño, con un genoma circular de ARN de aproximadamente 1,700 unidades básicas (nucleótidos). Existen diferentes tipos (genotipos) de VHD, con diferencias genéticas de más del 35%. Estos genotipos se distribuyen de manera distinta en el mundo: el genotipo 1 es el más común, mientras que otros, como el 3, se encuentran principalmente en Sudamérica.
La clasificación del VHD es importante porque algunos genotipos están asociados con enfermedades más graves. Por ejemplo, los genotipos 1 y 3 suelen causar hepatitis más severa que los genotipos 2 y 4.
¿Quiénes están en riesgo de contraer hepatitis D?
La hepatitis D es más común en personas que ya tienen una infección crónica de VHB. Esto incluye a personas que usan drogas intravenosas, pacientes con VIH o VHC, y aquellos que viven en regiones con alta prevalencia de VHB. En algunos países, hasta el 80% de los usuarios de drogas intravenosas están infectados con VHD.
A nivel mundial, se estima que entre 12 y 60 millones de personas tienen hepatitis D. Sin embargo, esta cifra varía mucho según la región. Por ejemplo, en partes de África y Asia, la prevalencia es más alta que en Europa o América del Norte.
¿Cuáles son los síntomas de la hepatitis D?
La hepatitis D puede presentarse de dos formas: coinfección (cuando una persona se infecta con VHB y VHD al mismo tiempo) o superinfección (cuando el VHD infecta a alguien que ya tiene VHB crónico). La coinfección suele ser menos grave y, en muchos casos, el cuerpo logra eliminar ambos virus. Sin embargo, la superinfección suele empeorar la hepatitis B crónica.
Los síntomas de la hepatitis D incluyen fatiga, dolor abdominal, ictericia (piel y ojos amarillos) y, en casos graves, insuficiencia hepática. La enfermedad progresa rápidamente, llevando a cirrosis y cáncer de hígado en un plazo de 5 a 10 años.
¿Existen tratamientos para la hepatitis D?
Durante décadas, el único tratamiento disponible fue el interferón pegilado (IFN), una sustancia que ayuda al sistema inmunitario a combatir el virus. Sin embargo, este tratamiento solo funciona en una minoría de pacientes y tiene efectos secundarios importantes.
En los últimos años, se han desarrollado nuevos tratamientos. Uno de ellos es el bulevirtide (Hepcludex), aprobado en Europa en 2020. Este medicamento bloquea la entrada del VHD en las células del hígado. Otro es el lonafarnib, que impide la formación de partículas virales. También se está investigando el uso de polímeros de ácido nucleico, como el REP2139, que reducen los niveles de ARN del VHD en la sangre.
Aunque estos tratamientos son prometedores, aún se necesitan más estudios para determinar su eficacia a largo plazo.
¿Cómo se puede prevenir la hepatitis D?
La mejor manera de prevenir la hepatitis D es evitar la infección por VHB. La vacuna contra la hepatitis B es altamente efectiva y ha reducido significativamente el número de casos en todo el mundo. Sin embargo, en regiones con alta prevalencia de VHB, es importante aumentar la conciencia y mejorar el acceso a la vacunación.
Además, es crucial identificar y tratar a las personas con hepatitis B crónica, ya que son las más vulnerables a la infección por VHD. Esto incluye realizar pruebas de detección en poblaciones de alto riesgo, como usuarios de drogas intravenosas y personas con VIH.
Conclusión
La hepatitis D es una enfermedad grave y poco conocida que afecta a millones de personas en el mundo. Aunque se han logrado avances importantes en la comprensión de su biología y en el desarrollo de tratamientos, aún quedan muchos desafíos por superar. Es necesario aumentar la conciencia, mejorar el acceso a las pruebas de detección y desarrollar terapias más efectivas. Solo con un esfuerzo conjunto de investigadores, profesionales de la salud y gobiernos podremos controlar esta enfermedad y avanzar hacia la eliminación de las hepatitis virales para el año 2030.
doi.org/10.1097/CM9.0000000000002011
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