¿Qué pasa cuando niños y adolescentes tienen leucemia mieloide crónica?

¿Qué pasa cuando los niños y adolescentes tienen leucemia mieloide crónica? Un vistazo a los tratamientos a largo plazo

La leucemia mieloide crónica (LMC) es un tipo de cáncer poco común en niños y adolescentes. Cada año, se diagnostican entre 0.6 y 1.0 casos por millón en niños menores de 15 años, y 2.2 casos por millón en adolescentes de 15 a 19 años. Esto representa del 2% al 3% y el 9% de todos los casos nuevos de leucemia en estos grupos de edad, respectivamente. Aunque es rara, esta enfermedad puede ser grave si no se trata adecuadamente. Desde 2003, un medicamento llamado imatinib (IM) se ha convertido en el tratamiento principal para los pacientes jóvenes con LMC en fase crónica (LMC-CP), reemplazando gradualmente el trasplante de células madre. Sin embargo, en algunos casos, el IM no funciona o causa efectos secundarios graves, lo que lleva a los médicos a buscar otras opciones.

¿Cómo funciona el tratamiento con imatinib y qué pasa cuando no es suficiente?

El imatinib es un tipo de medicamento llamado inhibidor de la tirosina quinasa (ITK), que bloquea una proteína anormal que causa el crecimiento descontrolado de las células cancerosas en la LMC. Aunque es efectivo en muchos casos, entre el 25% y el 29% de los pacientes jóvenes dejan de tomarlo debido a la resistencia al medicamento o a los efectos secundarios. Para estos pacientes, se han desarrollado medicamentos más nuevos, como dasatinib y nilotinib, que también son ITK pero de segunda generación (2G-ITK). Estos medicamentos fueron aprobados en 2017 y 2018, respectivamente, como alternativas cuando el IM no funciona.

Sin embargo, debido a que la LMC es rara en niños, hay pocos estudios que evalúen el uso a largo plazo de estos tratamientos en pacientes jóvenes. Esto significa que, en muchos casos, los médicos deben basarse en los tratamientos diseñados para adultos, lo que deja muchas preguntas sin respuesta sobre cómo estos medicamentos afectan a los niños y adolescentes a lo largo del tiempo.

Un estudio que sigue a los pacientes durante años

Un estudio reciente en el sur de China analizó los resultados a largo plazo de 58 pacientes jóvenes con LMC-CP que recibieron IM como primer tratamiento y 2G-ITK como segunda opción cuando el IM no fue suficiente. Los pacientes incluidos en el estudio tenían menos de 18 años y habían sido diagnosticados con LMC-CP positiva para el cromosoma Filadelfia (Ph+), una característica común en este tipo de leucemia.

Antes de comenzar el IM, algunos pacientes recibieron un medicamento llamado hidroxiurea para reducir los niveles altos de glóbulos blancos en la sangre. La dosis inicial de IM fue de 260 a 300 mg/m² al día, con un máximo de 400 mg al día. Si los pacientes experimentaban efectos secundarios graves, la dosis se reducía o se suspendía temporalmente. Si el IM no funcionaba, los pacientes cambiaban a dasatinib o nilotinib.

Resultados del tratamiento: ¿Qué tan efectivo fue el IM?

Después de 3 meses de tratamiento con IM, el 91.4% de los pacientes (53 de 58) lograron una respuesta hematológica completa (RHC), lo que significa que sus recuentos sanguíneos volvieron a la normalidad y los síntomas como el agrandamiento del bazo desaparecieron. Sin embargo, seis pacientes perdieron esta respuesta después de un tiempo y progresaron a una fase más avanzada de la enfermedad, conocida como fase blástica (FB).

En los pacientes que tomaron IM durante más de 12 meses, el 88.2% (45 de 51) logró una respuesta citogenética mayor, y el 68.6% (35 de 51) alcanzó una respuesta citogenética completa (RCC), lo que significa que no se encontraron células Ph+ en la médula ósea. Además, el 41.1% (21 de 51) alcanzó una respuesta molecular mayor (RMM) después de 12 meses, y el 27.5% (14 de 51) logró una respuesta molecular 4.0 (RM4.0), lo que indica niveles muy bajos de la proteína anormal BCR-ABL1.

¿Qué pasa cuando el IM no funciona?

En 16 pacientes que no respondieron al IM, el 68.8% (11 de 16) logró una RMM después de cambiar a dasatinib o nilotinib. Entre estos, el 31.3% (5 de 16) alcanzó una RM4.0 o menos, lo que significa que los niveles de BCR-ABL1 eran extremadamente bajos. Sin embargo, algunos pacientes desarrollaron mutaciones en la proteína BCR-ABL1, lo que dificultó el tratamiento.

Supervivencia y efectos secundarios a largo plazo

Después de un seguimiento promedio de 44.8 meses, la tasa de supervivencia general (SG) a 9 años fue del 81.1%, y la tasa de supervivencia libre de progresión (SLP) fue del 80.5%. Sin embargo, la tasa de supervivencia libre de eventos (SLE) fue solo del 44.4%, lo que significa que muchos pacientes experimentaron recaídas o progresión de la enfermedad.

En cuanto a los efectos secundarios, el 65.5% de los pacientes (38 de 58) experimentaron al menos un efecto adverso relacionado con el IM. Los más comunes fueron anemia (62%) y problemas gastrointestinales (34%). Algunos pacientes (33%) tuvieron efectos secundarios graves, como neutropenia (bajo recuento de glóbulos blancos) y dolor muscular, lo que llevó a la suspensión temporal del tratamiento o a la reducción de la dosis. Además, el 31% de los pacientes que tomaron IM durante más de 12 meses experimentaron problemas de crecimiento.

El problema de la adherencia al tratamiento

Un desafío importante en el tratamiento de la LMC en adolescentes es la falta de adherencia al tratamiento. En este estudio, cuatro adolescentes (7%) no tomaron sus medicamentos de manera constante, lo que llevó a la pérdida de la RMM o a la progresión de la enfermedad. Esto resalta la importancia de apoyar a los pacientes jóvenes para que sigan su tratamiento correctamente.

Conclusiones y necesidades futuras

En resumen, el IM como primer tratamiento y los 2G-ITK como segunda opción demostraron ser efectivos y bien tolerados en pacientes jóvenes chinos con LMC-CP. Sin embargo, la falta de adherencia al tratamiento y los efectos secundarios a largo plazo siguen siendo desafíos importantes. Además, debido a la rareza de la LMC en niños, se necesitan más estudios con un mayor número de pacientes para comprender completamente la eficacia y seguridad de estos tratamientos.

Para fines educativos solamente.
doi.org/10.1097/CM9.0000000000001656

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