¿Estamos pasando por alto un culpable oculto en la esclerosis múltiple?

¿Estamos pasando por alto un culpable oculto en la esclerosis múltiple? El papel inesperado de las células inmunitarias «asesinas»

Imagina que el sistema de defensa de tu cuerpo se vuelve contra tu cerebro y nervios. Esto es lo que ocurre en la esclerosis múltiple (EM), una enfermedad en la que las células inmunitarias atacan la capa protectora que rodea las fibras nerviosas, causando daños que provocan síntomas como entumecimiento, pérdida de visión y parálisis. Durante décadas, los científicos se centraron en un tipo de célula inmunitaria—las células T CD4+ (células inmunitarias auxiliares)—como las principales villanas. Pero nuevas investigaciones revelan que otro actor podría ser igual de importante: las células T CD8+, a menudo llamadas células «asesinas» del cuerpo.

El misterio de las piezas inmunitarias faltantes

La EM afecta a más de 2.8 millones de personas en todo el mundo, pero sus desencadenantes exactos siguen sin estar claros. En la EM y su equivalente en animales, la encefalomielitis autoinmune experimental (EAE), las células inmunitarias atacan por error proteínas del sistema nervioso central. Una de estas proteínas es la glicoproteína oligodendrocítica de la mielina (MOG), un componente de la vaina aislante que rodea los nervios.

La mayoría de los estudios culpan a las células T CD4+ de iniciar este ataque. Estas células actúan como generales, dirigiendo a otras células inmunitarias para que ataquen. Pero las células T CD8+, que normalmente destruyen células infectadas o cancerosas, han sido ampliamente ignoradas en la investigación de la EM. ¿Podrían estas «soldados» del sistema inmunitario también contribuir al daño nervioso?

Un estudio en ratones sacude viejas ideas

Para responder a esto, los investigadores estudiaron ratones con EAE. Inyectaron a los animales un fragmento de la proteína MOG (MOG35–55) para desencadenar una respuesta inmunitaria. Después de dos semanas, aislaron células T CD4+ y CD8+ de los bazos de los ratones. Estas células fueron expuestas al fragmento de proteína MOG en placas de laboratorio para probar sus reacciones.

Hallazgo clave 1: Las células CD8+ reaccionan a la proteína nerviosa

Cuando se expusieron a dosis altas de MOG35–55, las células T CD8+ mostraron claros signos de activación. Se multiplicaron, aunque menos vigorosamente que las células T CD4+. En la dosis más alta (20 µg/mL), el crecimiento de las células CD8+ fue aproximadamente un tercio del de las células CD4+. Esto sugiere que las células CD8+ pueden reconocer proteínas nerviosas—una capacidad preocupante en una enfermedad autoinmune.

Hallazgo clave 2: Señales débiles pero peligrosas

Las células T CD8+ activadas produjeron niveles más bajos de proteínas de señalización llamadas citocinas en comparación con las células CD4+. Por ejemplo, las células CD8+ liberaron 803 pg/mL de interferón-gamma (IFN-γ, una proteína que promueve la inflamación) frente a 1,451 pg/mL de las células CD4+. También produjeron menos interleucina-4 (IL-4, una proteína involucrada en la regulación inmunitaria). A pesar de esta respuesta más débil, las células CD8+ no eran inofensivas.

Hallazgo clave 3: Las células CD8+ pueden causar la enfermedad por sí solas

El verdadero impacto llegó cuando los investigadores transfirieron estas células a ratones sanos. Tanto las células T CD4+ como las CD8+ de ratones con EAE desencadenaron inflamación y daño nervioso. Los ratones que recibieron células CD8+ desarrollaron síntomas de EAE como debilidad en las extremidades y parálisis, con un daño en la médula espinal ligeramente peor que en los ratones a los que se les administraron células CD4+. Esto prueba que las células CD8+ no necesitan a los «generales» CD4+ para causar estragos.

¿Por qué es importante esto para la EM?

Estos hallazgos desafían la visión tradicional de que las células T CD4+ son las únicas responsables de la EM. Aunque las células CD8+ son menos reactivas, pueden atacar los nervios de forma independiente. Esto podría explicar por qué algunos tratamientos para la EM dirigidos a las células CD4+ no funcionan en todos los pacientes.

El estudio también refleja descubrimientos en otras enfermedades autoinmunes. En la diabetes tipo 1, las células CD8+ destruyen las células productoras de insulina. En la inflamación ocular (uveítis), atacan las proteínas de la retina. Este patrón sugiere un mecanismo autoinmune compartido: células «asesinas» defectuosas que escapan a los sistemas de control de calidad del cuerpo y atacan tejidos sanos.

Preguntas sin respuesta y futuras investigaciones

  1. ¿Cómo reconocen las células CD8+ las proteínas nerviosas? A diferencia de las células CD4+, que detectan fragmentos de proteínas presentados por células inmunitarias especializadas, las células CD8+ suelen identificar células infectadas o cancerosas. Cómo aprenden a atacar la MOG sigue siendo un misterio.
  2. ¿Los factores ambientales activan estas células? Virus como el Epstein-Barr están relacionados con la EM. ¿Podrían las infecciones «entrenar» a las células CD8+ para que ataquen los nervios por error?
  3. ¿Pueden los tratamientos dirigirse a ambos tipos de células T? Los medicamentos actuales para la EM, como el alemtuzumab, agotan las células inmunitarias CD52+, afectando tanto a las células CD4+ como a las CD8+. Pero podrían surgir tratamientos más precisos.

Una nueva dirección para el tratamiento de la EM

Este estudio no resta importancia al papel de las células T CD4+, pero destaca la necesidad de estudiar ambos tipos de células. Para los pacientes, esto significa que los tratamientos futuros podrían combinar estrategias para bloquear a múltiples atacantes inmunitarios. También subraya la importancia de la detección temprana—si las células CD8+ están involucradas, detenerlas antes de que se multipliquen podría prevenir daños nerviosos irreversibles.

Conclusión

La EM es un rompecabezas complejo, y las células T CD8+ son una pieza que hemos pasado por alto. Al comprender cómo estas células «asesinas» contribuyen al daño nervioso, los científicos podrían desarrollar mejores formas de proteger el cerebro y la médula espinal. Por ahora, esta investigación ofrece la esperanza de que atacar múltiples vías inmunitarias podría finalmente superar a esta devastadora enfermedad.

Solo con fines educativos.
doi.org/10.1097/CM9.0000000000000551

Deja una respuesta 0

Your email address will not be published. Required fields are marked *